


Parece que Yago me deja cinco minutos de descanso y yo aprovecho para conectarme y actualizar el blog. Habéis estado pendientes hasta ahora y no podéis perderos lo mejor. Hoy trataré de contar el parto y a partir de mañana he pensado tratar de subir cada día una foto con algún comentario para que veáis crecer a Yago. Ya veréis, ya como en estos días ya está cambiado.
Como recordaréis el martes 24 de noviembre tenía revisión rutinaria de embarazo (semana 38) y después de los monitores pasé a consulta con la gine. Me hace la ecografía y todo parecía ir bien. Empieza a hacer su mediciones y veo que se le cambia el gesto de la cara... Vuelve a hacer sus mediciones y me dice que Yago ha cogido a penas unos gramos desde la última cita, hace casi un mes. Sin más. Me pide entonces que me desvista que me va a explorar por vía vaginal (me ahorro el comentario pero vamos, yo no daba crédito... ¡¡ qué grima!!). El caso es que con la mano (desagradable como poco, el momento) me explora y yo le digo: "Está verde todavía, ¿verdad?" Y me dice: "No te creas, no tanto. Está bastante abajo y sobre todo muy bien colocado. Vístete y ahora te cuento lo que vamos a hacer."
Me vestí pensando que me iba a decir que hiciese una semana de reposo y nos veíamos después a ver qué tal funcionaba y si Yago cogía así peso. El caso es que salgo de nuevo a la consulta y me da un papel y me dice: "Con este volante vienes mañana a las nueve de la mañana y te provocamos el parto." Así, sin más. Y yo, sin palabras. Me explica que el bebé ha dejado de crecer y que como a partir de la semana 38 ya se considera un parto "a término" puesto que todo está ya formado lo mejor es provocar el parto y que el bebé empiece a coger fuera el peso que no está cogiendo dentro. Como yo viví esta situación cuando nació Claudia (mi sobri) el año pasado y sé lo que es un niño con CIR (crecimiento intrauterino retardado) la verdad es que no me asusto y más bien salgo de la consulta con un subidón increíble y deseando que pase la noche y llegue por fin el momento de poner fin al embarazo y tener por fin a Yago conmigo.
No os cuento la noche que tuve, no pegué ojo y todos los síntomas del embarazo hasta entonces inexistentes se concentraron durante esas horas eternas. No sé cuántas veces pude vomitar y para colmo se me soltó la tripa. Vamos, que me habían dicho que antes del parto te ponen un enema y yo sólo pensaba que esa parte ya la tenía convalidada seguro.
Al día siguiente allí estábamos Arndt y yo emocionados haciendo el ingreso en el Hospital de La Moraleja (os lo recomiendo a todas). El protocolo que siguen es el siguiente: tienen al lado del paritorio seis habitaciones reservadas a los partos por inducción donde están la mamá y un único acompañante (no intercambiable) desde que ingresa hasta dos horas después del parto (ya con el bebé) antes de subir a planta. A eso de las diez poco más o menos me pusieron la oxitocina y yo enseguida empecé a notar las contracciones. Como un dolor de regla muy fuerte a ratitos más soportable y a ratos bastante insoportable. Al ratito vino una matrona (qué gente tan maja y cómo me tranquilizaban cada vez que entraban a verme, os diré por cierto que me atendió un equipo sólo de mujeres, gine y anestesista incluídas- yo, encantada!-) y me dijo que me iba a romper la bolsa para que todo fuese rapidito. Os ahorro los detalles, pero introducen una especie de gancho con el que hurgan hasta que rompes aguas, en mi caso rapidito y más molesto que doloroso. Una hora después, a eso de las once los dolores eran ya muy fuertes y le dije a Arndt que saliese a buscar a una comadrona que me dolía mucho y no sabía cuándo me ponían la epidural (bendita epidural, por cierto, qué razón tenías Bárbara!). Entró la chica y me dijo que hasta que no hubiese dilatado 2 cm no se me podía administrar y que era, con certeza un poco pronto todavía. No obstante me explora y me dice que he dilatado 4cm!!! Que le parecía increíble lo rápido y bien que estaba yendo todo y que iba a buscar a la anestesista para que me pusiese la epidural ipso facto. Unos diez minutos desagradables de nuevo de mantener una postura (con la espalda lo más arqueada posible) sin moverme y una vez puesta la anestesia de nuevo los dolores se vuelven a convertir en una regla fuerte. Soportable.
A partir de entonces las contracciones se aceleran y os diré que una hora después (a las doce) el dolor cambia y comienzo a notar una sensación de presión muy fuerte y tengo la seguridad de que Yago ya está saliendo. Es difícil de describir pero lo sé. Está saliendo. Le digo a Arndt de nuevo que salga a buscar a alguien y la comadrona, algo descreída me dice que es imposible pero igualmente me mira y me dice que efectivamente la cabecita está ya asomando. Vuelve con la gine que me mira y me dice que cada vez que sienta que él empuja empuje yo también, que nos vamos hacia el paritorio y que no me dé miedo expulsarlo por el camino.
Ya en el paritorio es cuestión de veinte minutos y tres empujones. Yago ya está fuera. Visto y no visto. Sin episotomía. La gine me ofrece, una vez tiene la cabecita fuera, sacarlo yo misma pero prefiero que lo haga ella, me da miedo hacerle daño, o que se me caiga. Arndt está a mi lado, emocionado. Sale Yago y me lo colocan encima, la gine me dice "Dale besitos" y yo me muero del amor y la emoción al verlo y ya así sin lavar ni nada soy consciente de que he tenido un hijo sano y que además, es el más bonito del mundo. Perfecto él. Pequeñito pero perfecto. Se lo dan a Arndt, papá feliz y llorando de emoción se lo llevan para que la pediatra (de nuevo mujer) le haga la primera revisión. Todo perfecto. A los cinco minutos ya estamos los tres en la habitación disfrutando del comienzo de la etapa más feliz de nuestras vidas.
